Siempre fui crítico con los
corporativismos, creo que muchas veces no aportan y solo pretenden justificar
las acciones o conveniencia de un determinado grupo por parte de las personas
involucradas en el mismo.
Por tanto, siendo yo árbitro de ajedrez,
intentaré ser objetivo y no caer en el corporativismo de alegar a favor de los
árbitros porque me toca de cerca.
Pero, teniendo presente lo previamente
expresado, igual deseo escribir unas líneas poniendo de manifiesto la relevancia
(muchas veces menospreciada) del árbitro de ajedrez.
Sé que muchos jugadores valoran el rol del
árbitro, pero también he visto que muchos nos ven como un mal necesario, e
incluso he notado que hay algunos que nos ven como unos personajes molestos que
deambulan por los torneos de ajedrez.
Es cierto que en la inmensa mayoría de los
casos los jugadores juegan solos, se entienden entre ellos y el árbitro
aparentemente no sería necesario porque no tiene nada que hacer. Y digo
aparentemente, porque a pesar de que los jugadores no necesiten al árbitro para
dirimir su partida, el árbitro realiza una tarea silenciosa que redunda en que
todo fluya con normalidad. Algunos ejemplos: el árbitro realiza muchas tareas
administrativas que son necesarias para gestionar el torneo, como ser registrar
jugadores, realizar los emparejamientos, dirimir los sistemas de desempate,
realizar los informes necesarios para que las partidas se computen para el elo,
supervisar el material y la sala de juego, asegurar que se cumplan las leyes
del ajedrez, velar por que las condiciones sean las mejores posibles para el
desarrollo de la competencia y dar garantía a los participantes de que si
sugiera algún problema hay alguien con la idoneidad necesaria para resolver la
situación.
Para ejemplificar lo manifestado al final
del párrafo anterior, en el sentido de que si surge algún problema es
importante que haya un árbitro, mencionaré dos situaciones que sucedieron en
competencias de ajedrez rápido y blitz, ambas válidas para el ranking
internacional, en las cuales quien escribe fue el árbitro principal.
Caso 1: Un jugador juega sin rey.
Sucedió en una partida de ajedrez rápido
sin supervisión adecuada.
Me acerco a una mesa, en la cual a ambos
jugadores les quedaba poco tiempo, había pocas piezas en el tablero y ambos movían
muy rápido. El jugador de negras llevaba la iniciativa atacando y el blanco escapaba
con su rey. Hasta ahí algo totalmente típico de un final de partida, pero al
observar la posición, veo que en el tablero no hay rey negro. Desde que empecé
a mirar y hasta que me doy cuenta que falta un rey, ambos jugadores realizaron
varios movimientos. Entonces detengo el reloj y les pregunto cómo es que el
jugador de negras está jugando sin rey. Ambos se sorprenden evidenciando que no
se habían dado cuenta de la falta del rey negro. Según lo que manifestaron los
jugadores, en un momento previo se produjo una irregularidad y ellos
recompusieron la posición si llamar al árbitro. Se puede deducir que en ese
momento dejaron el rey negro fuera del tablero sin que aparentemente ninguno de
ellos se diera cuenta. Les dije que la partida no podía continuar debido a la
posición antirreglamentaria y que el resultado era tablas. El jugador de negras,
que se sentía ganador del final, se manifestó enojado por mi decisión, pero no
se podía permitir que la partida continuara con semejante irregularidad. Nótese
que al jugar sin rey, el jugador de negras no podría recibir jaque mate nunca, lo
cual constituía una anomalía que impedía permitir que la partida continuara.
Caso 2: Ambos jugadores alegan que es
su turno de juego.
Esto sucedió en una partida de blitz sin supervisión
adecuada.
En un final de partida, ambos jugadores con
poco tiempo en el reloj, uno de ellos detiene el reloj y me llama efectuando un
reclamo. Al jugador le asistía razón sobre el reclamo, resuelvo esa situación,
les indico a ambos que la partida va a continuar y les pregunto a quien le toca
mover. Para mi sorpresa, el jugador de blancas dice que es el turno de las
blancas, pero el jugador de negras dice que es el turno de las negras. Estuve
un par de minutos charlando con ellos tratando de resolver la situación, les
pregunté cuales habían sido los últimos movimientos para ver si era posible deducir
cual tenía razón, pero uno decía una cosa y el otro decía otra. Había cerca un
par de espectadores (jugadores que habían finalizado sus partidas) y les
pregunté si alguno había visto quien había realizado el último movimiento, pero
no lo sabían. Seguí hablando con los jugadores involucrados en la partida, uno
de ellos manifestó que le gustaría comenzar la partida nuevamente, mientras que
el otro quería seguir como estaban pero diciendo que le tocaba jugar a él. Les
manifesté que la opción de empezar nuevamente la partida estaba descartada, que
si se ponían de acuerdo sobre quien tenía el turno de juego la partida
continuaba, pero si no se ponían de acuerdo la partida no podía continuar y yo
determinaría el resultado. No se pusieron de acuerdo y ante la imposibilidad de
saber quien tenía razón, determiné que el resultado era tablas.
Otros casos.
Los dos casos que acabo de narrar son muy
atípicos, pero los mencioné porque si bien no suceden todos los días, cada
tanto los árbitros nos encontramos con situaciones inesperadas que deben ser
resueltas.
Pero sin llegar a casos tan extremos, son
frecuentes las situaciones de jugadas ilegales, irregularidades, reclamos de
triple repetición, etc., en las cuales es importante que haya una persona
idónea en el manejo de las leyes del ajedrez para resolver la situación, y esa
persona es el árbitro.
FA Alfonso Figueroa





