viernes, 4 de diciembre de 2015

Esteban Jaureguizar entrevistado por publicación española

"Ajedrez Social y Terapéutico" es una publicación oficial del Club de Ajedrez Magic, varias veces Campeón de España y una vez Campeón de Europa. Este prestigioso club español tiene su sede en la Comunidad Autónoma de  Extremadura.

Acaba de publicarse el ejemplar número 14, que tiene como reportaje central una entrevista a Esteban Jaureguizar, realizada por el El Psicólogo Juan Antonio Montero (presidente del Club Magic y director de la revista).

Ajedrez Social y Terapéutico nro. 14, se encuentra disponible haciendo click aquí.

La entrevista:

1. ¿Cuál es tu concepto de la enseñanza del ajedrez? 

Creo que lo más importante es hablar en términos de Educación, así con mayúsculas. Si algo nos ha faltado a quienes estamos trabajando en esto, es abordar la enseñanza del ajedrez desde la perspectiva de lo educativo. Y es una cuestión central. Porque lo educativo tiene que ver con la construcción de humanidad, con lo que ello implica: contribuir al desarrollo de aquellas cosas que nos “hacen” humanos, que tienen que ver con lo sensible, lo racional, y algo determinante que surge de estas características: una ética. Por eso, la educación es un acto de amor. Y el ajedrez es el lugar privilegiado desde donde nosotros podemos ejercer ese acto de amor. Que conlleva una transferencia de conocimientos implicada necesariamente dentro de lo educativo.

2. Un tema recurrente en tus artículos y ponencias es el juego. ¿Por qué? 

Te agradezco la pregunta… me parece por demás pertinente, porque también suelo insistir en que hemos perdido la perspectiva del ajedrez en tanto juego, que es como lo viven y disfrutan las inmensas mayorías de población que lo practican, en pos de una mirada más “deportiva” y “científica”. La primera (la deportiva), tiene que ver con el matrizamiento que traemos de nuestra propia formación como jugadores. La segunda (la científica) de nuestra creencia de que es eso lo que nos dará validez en ámbitos escolares. Y en lo que termina todo esto es en dos lugares terribles: una, en la competición como forma estructurante de la propuesta didáctica, y el “escalafonamiento” de nuestros niños, el etiquetamiento de “los que juegan bien” y “los que juegan mal”, y todas las teorías de cómo trabajar la diferencia que nosotros mismos creamos. Y la otra, en un sistema de clases “académicas”, de docentes expositores y alumnos “escuchadores”, que a lo sumo participan con la palabra, pero no con la acción. Un modelo bien cercano a nuestro otro matrizamiento, el de nosotros como alumnos de la escuela tradicional, que nos impulsa a reproducirlo. Y donde el juego tiene el mismo lugar que ésta le otorgaba, o sea, el del “tiempo sobrante con respecto a la actividad útil”, que no fue otra que la de la exposición docente. Por eso, creo que hay que mirarlo desde otro lado. El juego es en la historia de la humanidad (una historia además muy presente, porque cada bebé que llega al mundo reproduce esta forma de apropiación del conocimiento), el que permitió al Hombre desarrollar sus primeros conocimientos acerca del mundo y de cómo sobrevivir en él. Su capacidad cerebral le permitió acumular estos conocimientos e ir construyendo “cultura”. El juego es, entonces, el padre de la cultura. Esta visión que nos llega de la mano de Johannes Huizinga (“Homo Ludens”, 1938), es bien distinta a la dominante visión de la revolución industrial, donde el juego queda relegado a la cosa inútil, que se hace cuando no se “produce”. Incluso el juego queda relegado a quienes “no producen”, o sea, a los niños. No por casualidad la escuela divide el tiempo escolar entre el tiempo “útil”, de trabajo, y el tiempo de “recreo”, único espacio donde formalmente está permitido el juego… Y no por casualidad, las propuestas de Decroly o Montessori de escuelas donde el juego tenía una relación con la producción de saberes, fueron desplazadas y aceptadas por el modelo tradicional sólo para la escuela infantil, y no para la Primaria. De ahí el corte abrupto que tenemos en aspectos metodológicos entre uno y otro nivel. Hay un concepto esclarecedor acerca de la visión de juego que quiero poner de manifiesto, y este es el concepto de “ludus” que esgrimían los antiguos romanos. Ellos hacían referencia a este término no para referirse al juego, sino para nombrar un estado del espíritu fermental, creativo, relajado y de disfrute “productivo”, un estado espiritual donde la fantasía tomaba protagonismo y se entrometía en el dominio de la realidad, interactuando con ésta. Un estado espiritual donde eran posibles muchísimas y muy ricas actividades humanas: el teatro, la música, la literatura, el humor, el juego por supuesto… hasta la seducción! No por casualidad. El verbo “actuar” en inglés es “play”, idéntico significante que utilizan para el verbo español “jugar”. Y algo similar ocurre con el francés y el término “jouvè”… ahí vemos como la concepción de lo lúdico es mucho más abarcativa, y desdibuja fronteras que nosotros nos creamos desde el imaginario que nos provoca lo lingüístico…. Por eso: pienso que el juego es motor de descubrimientos, de búsquedas, de soluciones creativas, de implicación apasionada con el objeto… ni más ni menos que los pilares del aprendizaje!! Por eso, Redescubrir la dimensión lúdica del ajedrez es para mí la clave sustancial del inicio de la búsqueda pedagógica.

3. Ajedrez en el colegio, ajedrez en el club, ajedrez competitivo… ¿son conceptos diferentes, incompatibles? 

¡Por supuesto que no! Hay que distinguir dos cosas: una, es lo que tiene que ver con la incompatibilidad relativa en cuanto a los objetivos y lo didáctico. Y la otra, la compatibilidad también relativa en cuanto a lo proyectual. No podemos pensar que en los dos lugares voy a hacer lo mismo, a aplicar las mismas “recetas”. Pueden ser dos proyectos perfectamente complementarios, siempre respetando la unicidad de cada uno. En la escuela habrá contenidos y sobre todo enfoques didácticos privilegiados. La democratización del saber será mandamiento, el provocar razonamientos, el trabajar interdisciplinariamente…. Pero en el club esto se desdibuja en favor de otros elementos, más vinculados al crecimiento individual del niño, más pensando en procesos de crecimiento técnico y fortalecimiento competitivo. Y la articulación es posible, los “campeones” del club pueden ir a brindar sus conocimientos a la escuela; y los niños que aprenden en la escuela pueden buscar nuevos desafíos en el club. Se complementan y retroalimentan, no se intoxican.

4. ¿Qué cualidades se requieren en una persona para ser un buen docente de ajedrez para chicos con edades tempranas, hasta 10-12 años, por ejemplo? 

Bueno, creo que siempre las mismas, todas devenidas del carácter “transferencial” de lo educativo, que no es otra cosa que decir que el motor de todo es el amor, el deseo del enseñante… el amor hacia el sujeto y hacia el objeto del proceso, el niño y el ajedrez. Pero para no dejar la pregunta con una respuesta tan abierta, puedo señalar como importante el poder mirar con los ojos del otro, el poder disfrutar junto con los niños, de atreverse a jugar, a contar cuentos, a reírse, a hacer en algún momento el payaso sin perder el lugar… El pensar en términos de proceso, el saber dar tiempos, el pensar en términos de construcción y re-construcción de los saberes, el poder ayudar a reflexionar desde la pregunta movilizadora y no obturar el proceso de pensamiento desde la respuesta concluyente… ¡El ser educador! El construir autoridad a partir del lugar que te otorgan los otros, y no el poder desde el lugar que te brinda la institución.

5- Nos leen muchos monitores de club. ¿Debe dar éste prioridad a lo educativo, cuando muchos padres pagan sus cuotas pensando sobre todo en el factor deportivo- competitivo? 

De alguna manera esto es complejo, porque debemos tener en cuenta que el primer círculo educador es el familiar. El profe en el club es también un educador, ya que siempre será un modelo adulto de alto impacto para el niño-. Entonces creo que los monitores deben reconocerse en sí mismos ese lugar de educadores que ocupan. No ya por el bien del ajedrez, sino por el bien de la construcción de una sociedad mejor…. Me parece que competir sanamente es bueno, pero “sanamente” es una palabra muy importante en la frase, sanamente hacia los demás y hacia sí mismo…. Y que el deseo de progresar debe partir del niño y no del padre. Y en esas cosas tiene trascendencia la palabra y la actitud del monitor. Hay muchísimos aspectos que trabajar ahí para tramitar después las situaciones de éxtasis por la victoria y de angustia ante la derrota. Pero claramente veo que hay un arduo trabajo primario, por el corrimiento del deseo de éxito del niño hacia el padre. Y esto termina mal casi siempre.

6- ¿Puede existir la creatividad en el docente de ajedrez? Si es así, ¿qué está abierto todavía para quien quiera enseñar ajedrez? 

¡Indudablemente! No sólo es posible: ¡Es indispensable! Mirá, los caminos para crear son casi infinitos, tan amplios como lo que nos ofrece el juego. No podemos pretender un espacio de disfrute a partir de un docente que se dejó ganar por la rutina, que se aburre en la repetición mecánica…. ¡Es como el matrimonio! Por otra parte, pensar que en didáctica del ajedrez “está todo inventado” me parece un pensamiento demasiado cándido. Solo en ánimo de brindarte un ejemplo: nosotros en lugar de ir hacia el conocimiento más elevado, descendemos hacia la construcción de los conceptos de modo lúdico, antes incluso de estar en condiciones de acomodar las piezas y mover e4…Generamos juegos en los que aparecen cartas, dados, piezas secretas, objetivos secretos, se alteran turnos, el tablero se agranda o se achica, comienza vacío y las piezas se incorporan, aparece el azar… una infinidad de propuestas, ¡Y todavía no hablamos de ajedrez propiamente dicho!

7- ¿Qué piensas acerca de las ideas de que el ajedrez fortalece mentalmente y crea hábitos de disciplina? ¿Crees que es deseable, son consecuencias beneficiosas? 

Sin lugar a dudas que sí. El docente educa mucho más actuando como modelo que con lo que pregona. Difícilmente un maestro que no reúna esas características puede incidir en ese sentido por más ajedrez que tenga como herramienta. Seguramente cada uno pondrá de manifiesto los valores que represente, los que sean realmente parte de sí. He conocido docentes muy desorganizados y creativos, nada disciplinados, que lograron cosas maravillosas con sus alumnos. Y también a docentes sistemáticos, persistentes, ordenados, que brindaron esos modelos de pensamiento desde el juego, con impactos sumamente valiosos en los niños. El docente ideal es aquel que atiende a todas las potencialidades que el ajedrez le ofrece.

8- ¿Qué opinas, en tu calidad privilegiada de ponente, de las campañas que está realizando la Fundación Kasparov para Iberoamérica para formar masivamente docentes de ajedrez? 

Esfuerzos como este son invalorables. Creo que muy poca gente imagina lo que significa desde todo punto de vista, muy especialmente para su presidente, Hiquíngari Carranza, poner toda esta maquinaria en funcionamiento una y otra vez. Desde lo económico, desde el tiempo, desde los sacrificios familiares, desde la angustia que muchas veces el organizador enfrenta ante tantas incertidumbres que se le plantean…. Y lo valoro mucho más desde la perspectiva de que ya van tres, de que no se quedó en el célebre “Primer Curso”… ¡Y que va por más! También valoro que haya podido salir de México, su reducto, y ya haber llegado a Panamá, y de estar planificando en otros territorios. Estas acciones son movilizadoras, son un revulsivo incomparable, llenan de entusiasmo, nuclean a la gente, la pone a pensar en términos de proyectos, y sobre todo de proyectos colectivos.

9. En los últimos años, y ello es tema central de esta revista, el ajedrez, incluso con aproximaciones algo heterodoxas, está llegando a cárceles, centros de mayores, a desempleados, adictos… ¿Qué opinas sobre esto? 

Bueno, a las pruebas me remito… el éxito de tu trabajo en Extremadura, el éxito de esta revista evidencian la importancia de esta tarea. Y en Uruguay intentamos imitar ese camino, que por supuesto, es también un camino educativo.

Gracias por la entrevista y por tu gran labor. 
Juan Antonio Montero.


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